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HJK
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‘Six Feet Under’ aúna todas las cualidades de las mejores series dramáticas de la historia. Una atmósfera aparentemente sombría y fría que te envuelve antes de que puedas darte cuenta, unos personajes cuidados al milímetro que en principio parecen ser meros estereotipos pero cuya identificación con todos ellos es inevitable y, sobre todo, cuenta con un guión sublime que, siempre con el trasfondo de la muerte, nos va dejando detalles de lo que es la vida; del para qué estamos aquí. Esta serie parece haber sido concebida por alguien que acaba de darle un muerdo a la manzana prohibida; por alguien que está por encima de los humanos y que puede susurrarnos al oído el secreto de una existencia que no comprendemos. Ese alguien es Alan Ball, también guionista de la extraordinaria ‘American Beauty’. En ella ya se hacía patente la preocupación por la muerte por parte del autor. Ésta se frivoliza hasta tal punto en ambos trabajos, que deja en evidencia nuestra propia forma de vida. Y aunque tanto la muerte como la vida estén siempre igual de presentes, a veces nos hace falta recordar una de ellas para disfrutar de la otra. Todo ello es aliñado como en nuestro caso con unas interpretaciones y una banda sonora espectaculares. El atípico argumento de ‘A dos metros bajo tierra’ cuenta la vida de la familia Fisher, propietaria de un negocio de pompas fúnebres. Todo comienza cuando el cabeza de familia fallece en un accidente de tráfico, momento en el que todos sus miembros tienen que replantearse sus vidas. Cogiendo los personajes por separado, puede parecer difícil identificarse con ellos: un bipolar esquizoide, una adicta al sexo con miedo a la afectividad, un homosexual joven al que le cuesta salir del armario en el tolerante estado de California, una chica autodestructiva con tendencia a los amores imposibles... Pero con tan sólo haber visto unos pocos capítulos es fácil creer ser todos y cada uno de ellos. Ése es el secreto de una buena serie. No crear personajes para distintos tipos de público -un abuelo para los abuelos, unos niños para los niños...- sino para todos los públicos. De la trama no es necesario desvelar mucho más, tan sólo hay que relajarse para adentrarse en un mundo en el que la risa, el llanto, y la filosofía sobre la vida y la muerte se adueñan del telespectador como si de vivencias del mismo se tratara.
vaya tela con la huelga. Bueno, como bien dijiste, Hernán, habremos de echar un vistazo a esas perlas que nos hemos dejado en el tintero :)